¿Es posible que despegue la inversión pública?

11/10/2019

Por Alfonso Garcés

Luego de la crisis política que hemos vivido, es indispensable que el Gobierno retome la senda de crecimiento. Uno de los motores para lograrlo, como lo dijimos en una edición anterior, es la inversión privada (fundamental para las proyecciones contempladas por el MEF en el MMM). El otro motor está constituido por la inversión pública, adquiriendo mucha mayor relevancia en contextos, como el actual, en el que la inversión privada se encuentra aún resentida.

No obstante se esperaría que el dinamismo de la inversión pública sea mayor, vemos que las cifras de ejecución de inversiones no son tan auspiciosas. Por ejemplo, revisemos el caso de los sectores que mayor preocupación generan al país, como educación y salud. Según la consulta amigable del MEF, podemos observar -a poco menos de tres meses de concluir el ejercicio fiscal- que el Ministerio de Educación tiene un presupuesto de inversión en infraestructura educativa de poco más de 400 millones de soles, de los cuales ha ejecutado solo el 42%. Por su parte, el Ministerio de Salud tiene un presupuesto de inversión en infraestructura hospitalaria de casi 500 millones de soles, de los cuales ha ejecutado casi un 37%.

Pueden haber varios factores que intenten explicar esos niveles de ejecución: unos de tipo coyuntural y otros de tipo estructural. Dentro de los primeros podemos encontrar a la crisis política que, entre otros, desencadena una serie de efectos en los funcionarios y servidores públicos, como es el temor a firmar documentos para que después de uno o dos años sea observado por la contraloría o el propio congreso de la república, si fuera muy mediático; o, la inercial, cada vez que se producen elecciones (gobiernos subnacionales sobre todo).

Por su parte, en los factores de tipo estructural encontramos a los sistemas administrativos vinculados directamente con la ejecución de los proyectos, tales como el sistema de planificación estratégica, de administración financiera del Estado (presupuesto, tesorería, endeudamiento y contabilidad públicas), sistema de inversión pública, sistema abastecimiento (compras públicas), sistema de recursos humanos y sistema de control (control gubernamental).

Como podemos apreciar, son casi diez los sistemas administrativos que intervienen en la ejecución de un proyecto de inversión pública. Si falla uno de ellos, afectará ineludiblemente toda la cadena. Por ello, es importante que estos funcionen de manera articulada y armónica, y no como compartimentos estancos o islas.

Por mucho tiempo se atacó al SNIP como causante de las demoras en la ejecución de los proyectos, sin saber en realidad que estábamos frente a un iceberg. Sin una adecuada planificación no se sabrá que sectores y qué tipo de inversión se debe priorizar. Con un deficiente manejo de las finanzas públicas se privilegiará el asignar recursos del Tesoro a proyectos nuevos en vez de culminar los que se encuentran en ejecución; o, de tomar deuda cuando el país cuenta con exceso de liquidez. Lo mismo ocurre si no se tiene un sistema de abastecimiento que procure alcanzar altos niveles de competencia en los procesos de selección, a fin de obtener el mejor bien o servicio al precio más bajo posible. O si no se tiene a una gerencia pública altamente especializada que lidere equipos orientados al cumplimiento de metas, con indicadores objetivos y medibles, que permitan evaluar el desempeño; acompañado de un órgano de control externo que advierta los riesgos antes que se produzcan los hechos adversos, en vez de estar constantemente un paso atrás. Necesitamos equipos no caudillos.

Si queremos iniciar el despegue de la inversión pública y lograr que los colegios, hospitales, comisarías, entre otros, se ejecuten dentro de los cronogramas programados, se necesita emprender reformas estructurales en algunos casos; y, fortalecer las iniciadas, en otros, hasta lograr que los sistemas funcionen como un engranaje articulado y coherente, que deje en el pasado la medición de la ejecución básicamente computada como transferencias en el papel, más que obras en la realidad.