El presupuesto público no es un poema épico
Por: Priscila Demi de los Angeles Figueroa Venturini, embajadora de Propuesta País en la región Callao
Decidí escribir este artículo después de escuchar varias de las entrevistas del ciclo electoral rumbo a 2026. En casi todas se repetía la misma escena: propuestas de nuevos programas sociales, ampliaciones de beneficios en zonas periféricas, reformas previsionales ambiciosas y grandes proyectos de infraestructura que prometen transformar al Perú. Sin embargo, mientras los discursos se acumulan, nadie responde lo básico ¿de dónde saldrán los recursos para financiarlas?
En economía pública existe una regla que rara vez falla, aunque en campaña se intente ignorar, los números siempre terminan alcanzando a la política. El presupuesto público no es un poema épico donde todo cabe ni una narrativa abierta a infinitas interpretaciones. Es, en esencia, una ecuación. Cada sol que el Estado decide gastar debe provenir de algún lugar: impuestos, deuda o recortes en otras áreas. Para dar, inevitablemente, hay que quitar.
Gran parte de las propuestas económicas que circulan en la campaña comparten el mismo centro, aumentar el gasto público con el objetivo de cautivar las demandas sociales legitimas. El problema no necesariamente está en el gasto en sí mismo, sino en que pocas veces se explica con la misma claridad y entusiasmo cómo se financiarán esas promesas electorales. Las decisiones fiscales no solo afectan el presente, también tienen consecuencias intertemporales (Modigliani, 1985). Cuando el gasto se financia mediante deuda, la carga se desplaza hacia el futuro; cuando se financia mediante impuestos, implica decisiones distributivas que deberían discutirse abiertamente.
La teoría económica es claro al respecto. La equivalencia ricardiana, planteada por Rober Barro, sostiene que la deuda publica no elimina el costo del gasto, simplemente lo posterga. Si el Estado se endeuda hoy, en algún momento esos recursos deberán recuperarse mediante impuestos futuros. La deuda, en ese sentido, no desaparece; solo cambia de fecha en el calendario.(Barro, 1989)
A este problema se suma otro igual de relevante, la capacidad de ejecución del propio Estado. Según el Marco Macroeconómico Multianual, en los últimos tres años se dejó de ejecutar en promedio el equivalente al 1,6% del PBI destinado a inversión pública. Cerca del 90% de esa subejecución corresponde a gobiernos regionales y locales. (Ministerio de Economía y Finanzas, 2025)
Pareciera que en política siempre es más sencillo anunciar nuevos recursos que administrar bien los existentes. Por ello, se debería incorporar al menos tres elementos principales: mayor transparencia fiscal en las propuestas de campaña, mejoras en la capacidad de gestión de los gobiernos subnacionales y políticas que amplíen el crecimiento económico y, con ello, el espacio fiscal del Estado.
En esa misma línea, diversos economistas han señalado que el próximo gobierno debería concentrar su capital político en destrabar proyecto con impacto directo en el crecimiento. Una encuesta del Instituto Peruano de Economía muestra que el 44% de especialistas considera prioritario los proyectos mineros y el 43% proyectos de infraestructura.(Instituto Peruano de Economía -IPE, 2026)
En un país con profundas brechas sociales y territoriales, el gasto público, cumple un rol fundamental. Pero precisamente por ello, tratar al presupuesto como su fuera una narrativa donde todo puede prometerse sin costo termina debilitando la calidad del propio debate público.
La ciudadanía no debería limitarse a escuchar promesas, sino exigir respuestas a las preguntas que casi nunca se formulan en los mítines: ¿quién financiará esas políticas y cómo se garantizará que el dinero público no termine nuevamente atrapado entre la promesa y la subejecución?
Porque la política puede permitirse ignorar la aritmética fiscal durante algunos meses de campaña. Pero la economía tiene una ventaja incómoda, no participa en elecciones, y aún así siempre termina escribiendo el final de la historia.
Bibliografía
Barro, R. J. (1989). The Ricardian Approach to Budget Deficits. The Journal of Economic Perspectives, 3(2), 37.
Instituto Peruano de Economía -IPE. (2026, February 3). 2 de cada 3 economistas encuestados no considera creíble ni alcanzable la meta de déficit fiscal 2026. LOS PRINCIPALES EOCNOMÍSTAS OPINAN.
Ministerio de Economía y Finanzas. (2025). Marco Macroeconómico Multianual 2026-2029. https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/8563935/7091414-marco-macroeconomico-multianual-2026-2029.pdf?v=1756399214
Modigliani, F. (1985). LIFE CYCLE, INDIVIDUAL THRIFT AND THE WEALTH OF NATIONS. The American Economic Review, 152–169.
