AFPs: Algunas ideas aburridamente disruptivas

09/03/2020

Por Carlos Anderson

Sin duda, el tema de las AFPs es una papa caliente. Más de un candidato al Congreso 2020—incluyendo al autor de este artículo—lo puso al frente como tema clave de la campana electoral. Sin duda, algunos de los elegidos lo pondrá a debate apenas se instale el nuevo Congreso. Desde el sector empresarial de las AFPs hay preocupación, sobre todo por la posibilidad de que algunas de las locas ideas del verano se conviertan en realidad de invierno. Desde la academia hay curiosidad por ver el desenlace. Los medios, por su parte, juegan su propio partido signado por el desinterés. Mientras que el gobierno hace gala de su incapacidad para afrontar los temas que en verdad preocupan a la ciudadanía.

La opinión dominante es que el tema de las AFPs constituye “un problema sumamente complejo”, altamente político y con potencial combustible en caso se diera un fenómeno de violencia social como la chilena. La verdad es un poco menos dramática, pero exige que hagamos rápidamente contacto con algunas ideas en apariencia disruptivas, pero que en el mundo circundante aparecen más bien como aburridamente cotidianas.

La primera de ellas, la inutilidad y desastrosos efectos secundarios derivados de ligar el ahorro previsional con el empleo formal. En esencia, el ahorro previsional (la AFP) es una “anualidad”. Pago una prima (una cuota o aportación) por un numero determinado de años, y recibo luego de una fecha de corte, un pago secuencial (mensual, trimestral o anual) por el resto de la vida. Para ello no debería ser condición esencial el contar con un empleo formal en un país donde el empleo formal es la excepción y no la regla. La regla es el auto empleo, o el empleo en el sector informal. Lo cierto es que, llegado el día, todos —formales e informales— estarán en edad de retiro y necesitarán recursos para poder sobrellevar una vejez digna.

Una segunda idea aburridamente disruptiva sería reconocer al elefante que se pasea por la tienda de cristales y al cual todos prefieren ignorar: el inevitable conflicto de interés de los grupos financieros con intereses simultáneos en la banca, la bolsa, los seguros y las AFPs y la absoluta necesidad de quebrar semejante posición de dominio. Si en países de fortísima institucionalidad y calidad regulatoria en más de una oportunidad se han cocido habas en tal cantidad que han resultado en escandalosas crisis financieras, imaginemos lo que sucede en países como el nuestro con instituciones por demás débiles y reguladores muchas veces cooptados por el poder de los conglomerados financieros. Con la diferencia de que aquí todo sucede en silencio: sordo, ciego y mudo.

En tercer lugar esta la necesidad de ponerle fin a la actitud arcaicamente paternalista de la SBS que hace difícil, sino imposible, la diferenciación de los gestores de activos previsionales mediante el diseño de portafolios dinámicos, realmente diversificados con criterios tácticos y estratégicos. Es decir, con los mismos criterios con los que se gestionan los activos de las grandes fortunas privadas del país. Esto implica la posibilidad de abrir el mercado a la competencia extranjera. A mi me encantaría que mi AFP me la manejara un Goldman Sachs Asset Management o Blackrock o Putnam o cualquiera de las grandes empresas gestoras de activos. ¿Por qué no?

Finalmente —por ahora- porque esta historia con seguridad requiere un capitulo dos y tres — ¿por que no repensar todo el sistema? Ponerlo de cabeza y convertirlo en una forma vernacular del 401K de los Estados Unidos: voluntario, con importantes incentivos tributarios, como las contribuciones co financiadas (“matching contributions”) y la capacidad para transportarla de empleo en empleo, cambiar de administrador, o hacer uso de los recursos ahorrados bajo un estricto criterio de costo-beneficio y responsabilidad individual.

El debate actual nos ha planteado una serie de falsas dicotomías: que sistema previsional privado o estatal, que AFPs o no ahorro previsional individualizado, que rentabilidad de las empresas de AFPs versus rentabilidad de los fondos para los ahorristas. El tema es solo uno: asegurar una vejez digna para todos los trabajadores del Perú. No hay más.